Epígrafe 1

Joshua Kimmich es un talento distinto, llamado a marcar una época en el fútbol alemán.

En el centro del campo o como lateral derecho, la pelota siempre busca a Joshua Kimmich. El internacional alemán es, con independencia de su posición, un generador de juego que ordena y activa a sus compañeros en cada intervención. Puro magnetismo.

Corría el minuto 90 en el Borussia-Park. Mönchengladbach y Bayern empataban a uno. Patrick Herrmann cruzaba el campo en conducción guiando un último contraataque del conjunto local. Su pase al espacio hacia Marcus Thuram no era del todo bueno… Él podía cortarlo, él podía mandar el balón a paseo, él podía cerrar la jugada y, probablemente, el partido. Sin embargo, él intentó lo más difícil. Un control que su posición corporal y la velocidad de la jugada seguramente no aconsejaban. Quería hacerse con la pelota y tener él la última palabra, el último ataque del partido. Se equivocó. Falló en un control de exterior que, aunque complicado y nada ortodoxo, no era la primera vez que intentaba. Esta vez no salió bien. El balón llegó a pies de Marcus Thuram y pum… penalti de Javi Martínez, gol de Bensebaini y derrota del Bayern en el campo del Borussia. El equipo de Múnich caería a la séptima plaza de la Bundesliga a siete puntos de su rival aquella tarde. El cabreo fue morrocotudo. Manotazo al césped, gritos de rabia y desesperación y un fuego interior que solo podría apaciguarse con futuras victorias y buenas actuaciones.

Epígrafe 2

La gran mayoría de laterales derechos, en una jugada descrita como la del primer párrafo, no se hubieran complicado la vida. Era la típica acción de cortar, sin mayores enredos, un pase al espacio. Era la típica jugada que el lateral aborta sin problemas y luego recibe la palmadita del compañero de turno. Nadie, en su sano juicio, se hubiera expuesto al error, a ser señalado, a salir en la fotografía… Pero es que, seguramente, nadie interpreta la posición de lateral derecho en el fútbol actual como lo hace Joshua Kimmich. Él quiere trascender. A él no le basta con cubrir el expediente. Él es un ganador. Él se veía capaz de controlar aquella pelota con el exterior de su bota derecha y, rápidamente, iniciar un contraataque sobre el contraataque para que el Bayern dispusiera de una última acción ofensiva. De hecho, un par de minutos antes había cometido otro error al sacar rápido una falta. El pase no fue acertado y el Borussia amenazó con otro contragolpe. Alguien dirá: “Son errores. Muy mal Kimmich. Fatal todo”. Bueno, pues muy bien. Cuando los errores nacen de una férrea voluntad de victoria, cuando se producen como consecuencia de la confianza ciega que tienes en tus posibilidades y cuando son, en esencia, fruto de la búsqueda permanente de la excelencia y de una actitud valiente ante el juego o la vida… Pues sí, son errores, pero a lo mejor podríamos encontrar otra palabra para describir tal cosa.

En realidad, Kimmich fue, seguramente, el mejor jugador del partido. Él y otro prodigio, Alphonso Davies, fueron los encargados, desde los laterales, de encontrar infinidad de superioridades en los pasillos exteriores. El partido no llegó al descanso 0-4 porque todo ese caudal ofensivo que generaron los laterales durante la primera mitad no fue bien aprovechado en zonas de finalización. En el campo del Borussia, Kimmich volvió a jugar de lateral derecho después de seis partidos consecutivos actuando como mediocentro del equipo. Entonces, ¿es defensa o centrocampista? Nos adentramos ahora en esta dicotomía, que amenaza con ser eterna en la carrera del futbolista nacido en 1995 en Rottweil. Sí, de aquí recibe el nombre la raza canina Rottweiler. Antiguamente, eran los perros que cuidaban y conducían el ganado de los carniceros de esta ciudad de Baden-Wurtemberg que, ahora mismo, cuenta con escasos 25.000 habitantes.

“Tiene todo lo que necesita un futbolista”, dijo Guardiola poco antes de que Kimmich debutara con la absoluta. Había llegado para quedarse.

pep guardiola

Joshua Kimmich ingresó con 12 años en las categorías inferiores del VfB Stuttgart, el club más grande de la región. Allí se desarrolló fundamentalmente como mediocentro. En la temporada 2013-14, el joven de 18 años jugó en el RB Leipzig. El club del este de Alemania, todavía con menos de un lustro de historia, estaba en tercera división como recién ascendido de la Regionalliga y empezaba a sentar las bases de lo que acabaría siendo una promoción meteórica a la cima del fútbol teutón. El Leipzig terminaría la temporada subiendo a segunda como subcampeón de liga y Kimmich ya fue una pieza importante en dicho logro participando en un total de 26 partidos, 25 como titular. Actuó como centrocampista en todos los compromisos a excepción del duelo en casa de la penúltima jornada contra el Saarbrücken, cuando completó los 90 minutos jugando de lateral derecho. Aquel verano fue especial: también se proclamó campeón de Europa sub-19 en Hungría con la selección nacional. Alemania superó a Portugal en la final con Kimmich como maestro de ceremonias.

Epígrafe 3

10 de agosto de 2014. Solo diez días después de la final en Budapest, el Leipzig jugaba en el Allianz Arena un partido correspondiente a la segunda jornada de la 2. Bundesliga. El equipo, propiedad de la empresa de bebidas energéticas Red Bull, se enfrentaba al TSV 1860 Múnich. Por aquel entonces, Pep Guardiola era el entrenador del FC Bayern. El técnico catalán no quiso perderse el partido, que fue un auténtico drama a nivel táctico y en todo lo que se refiere a la elaboración del juego. No fue, precisamente, el partido paradigma del juego de posición. La pelota salía disparada de un extremo al otro del terreno de juego sin apenas pasar por el centro del campo, y eso que en el Leipzig jugaban Kimmich o Demme y el capitán del 1860 era Julian Weigl, el hoy jugador del Benfica; Gábor Király defendía la portería local con su característico y mítico chándal, pero eso ya es otro cantar.

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